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Miércoles, 23 de Agosto de 2006 - Ciencia / Salud
Antes de los cuatro meses se puede detectar la sordera infantil

La Universidad Nacional de Córdoba ha puesto en marcha un Programa de Detección Temprana de la Hipoacusia en la Maternidad Nacional, frente a plaza Colón, a cargo del Centro Piloto de Detección de Errores Metabólicos (Cepidem), la Escuela de Fonoaudiología y otras entidades afines.

Entre los objetivos está la necesidad de contar con un centro de detección general y precoz de una patología hoy superable como la sordera. “A todo recién nacido se le puede hacer una prueba audiométrica antes de que cumpla los cuatro meses, para saber si oye normalmente”, señala José Moreno Barral, director de Cepidem. “No hace falta que la familia tenga antecedentes o una preocupación específica, dado que el test incluso está previsto en los contenidos de la ley 25.415”.

Los especialistas recuerdan que, de lo contrario, es común que los padres tarden uno o dos años en percatarse de que ese niño tiene dificultades de audición. Recién cuando el chico está en edad de comenzar a hablar, y de hacerlo correctamente, la familia suele percibir algunas fallas.

En este sentido, Moreno Barral señala que “en la actualidad se dispone de muchas técnicas de estimulación temprana, que pueden ayudar a diagnosticar y revertir de inmediato el problema, en caso de que exista”.

Aunque está centralizado en la infancia y la adolescencia, el equipo asiste a personas de toda edad que deseen hacerse estudios o controles.

Causas

En general, la sordera infantil es consecuencia de:

Infecciones maternas ocurridas en los primeros meses de embarazo, siendo las más conocidas la toxoplasmosis y la rubéola, aunque también hay otros virus.

Los neonatos con bilirrubina muy elevada pueden sufrir una pérdida de audición denominada “sindrómica”, porque aparece acompañada de otra patología de base y como consecuencia del cuadro.

Es hereditaria o transmisible sólo cuando tiene origen genético, es decir que ha sido ocasionada por alguna alteración genética. Por ejemplo, la mutación de ADN de uno de los padres (dominante) o de ambos (recesiva), lo cual implica la falla de alguna de las moléculas participantes en la fisiología de la audición. Las alteraciones genéticas se dan en cualquier estrato social. Un matrimonio entre portadores sanos puede engendrar hijos sordos, aunque ambos miembros de la pareja sean oyentes normales.

La sordera genética es siempre familiar, y con probabilidad de transmisión. En cambio, si fue ocasionada por dolencia materna durante la gestación, o acaeció en un recién nacido de riesgo, se tratará de un hecho aislado y ningún otro miembro de la familia deberá padecerla, como tampoco un nuevo hijo de los mismos padres.

Polución auditiva

Con respecto a los elevados índices actuales de ruido ambiental, Moreno Barral reconoce que pueden ser determinantes de sordera en adultos con ocupaciones específicas.

No obstante, el especialista aclara que “todavía no se sabe si existe alguna relación entre el nivel de ruido y una predisposición genética para provocar la aparición de sordera”.

Para solicitar turnos o más información, los interesados deben comunicarse con el Cepidem, al teléfono (0351) 433-3072, o dirigirse personalmente, sólo por la mañana a la sede de la Maternidad Nacional.

FUENTE: LA VOZ DEL INTERIOR




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