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Miércoles, 12 de Julio de 2006 - Comunidad
“A nosotros, los sordos, los libros nos muerden”

A raíz de la inquietud por acercarse a los libros y a la literatura que tenía Juan Druetta, de la comunidad sorda, desde el Centro de Investigación y Difusión de Literatura Infantil y Juvenil (Cedilij) —una ONG de Córdoba— se comenzó a capacitar a docentes paranaenses. Así surgió esta iniciativa de narrar cuentos en castellano y en lengua de señas.

Mónica Borgogno

Entre el público de la particular narración de cuentos que se vivió en la sala del Centro Cultural Juan L. Ortiz, estaba Emanuel, un niño de nueve años que intentaba aprender nuevas palabras en lengua de señas para poder comunicarse mejor con su hermano Juan. Los dos iban a poder compartir lo mismo, porque los cuentos serían contados por Mariano Medina, oyente y Juan Druetta, una persona sorda, especialista en cultura sorda y en sociolinguística de la lengua de señas. En otras palabras, cuentos en español en lengua de señas. Para todo el mundo.

La sala se fue poblando de chicos y jóvenes de todas las edades. Mientras tanto, podían recoger los libros de la biblioteca ambulante del Centro de Investigación y Difusión de Literatura Infantil y Juvenil (Cedilij), de Córdoba, y simplemente leer.
De repente, las presentaciones de rigor y ahí nomás, arrancaron las historias, una más desopilante que la otra. Así el público supo “Por qué los perros se huelen la cola”, un cuento del escritor peruano César Vega Herrera, o las aventuras de “unas 3.333 gallinas que vivían todas amontonadas en el gallinero y un pollito, que un día iba a poner un huevo de oro, pero antes, quería aprender a nadar”.

En otro momento, cinco adultos debieron subir al escenario y jugar al teléfono descompuesto pero sin decir una sola palabra, únicamente transmitiendo al otro la historia, a través de señas. Un fiasco comunicacional, plagado de malentendidos, muy gracioso, que sirvió para poner en evidencia un intercambio cultural entre sordos y oyentes. Ése era, precisamente, el motivo de esta presentación de narradores y animadores de la lectura, de la propuesta «Cuentos Mano a Mano» que lleva adelante la ONG cordobesa.

LITERATURA.
El espectáculo fue la resultante de un intenso proceso de capacitación que los docentes de la Escuela de Sordos e Hipoacúsicos de Paraná hicieron en el marco del proyecto que vienen llevando adelante junto a la Biblioteca Popular Caminantes y la Facultad de Trabajo Social de la UNER, a partir del cual trabajan “El vínculo de la literatura y la escritura como vehículo para los procesos de ciudadanización”.

El trabajo de formación fue desarrollado por los integrantes de Cedilij, esta ONG que “desde hace 23 años se dedica a generar espacios de integración e intercambio cultural basados en la diversidad cultural” tal como explicó uno de sus miembros, Rubén López.

Como Juan Druetta, de la comunidad sorda, desde hacía mucho tiempo, le preocupaba e inquietaba el poco o nulo acceso educativo a la lectura, de las personas sordas y se sentía solo en esa lucha, en el 2002 se acercó a esta institución y desde allí empezaron a buscar métodos y formas de acceso a la lectura y el libro para quienes no oyen.

Ahora, cómo es la lectura antes y después de esta experiencia, fue la pregunta inmediata. “Hay un impacto importante dentro de la comunidad sorda, porque la lectura en la lengua española está basada en la escritura y la audición. En la lengua de señas se usa el espacio y lo visual. Leemos, pero los gráficos es otra forma diferentes de leer” explicó Juan.

En diálogo con EL DIARIO, los capacitadores y los docentes de la escuela de sordos e hipoacúsicos, también explicaron que “el castellano es una lengua extranjera para la comunidad sorda, la de señas es su primera lengua”.

A su turno, la directora de la escuela, Alicia Martínez, agrega lo suyo: “No lográbamos relacionar a las personas sordas con la lengua escrita y con el libro. A partir de actividades propuestas por esta ONG, descubrimos que los sordos estaban viendo en los libros cosas que nosotros no veíamos. Hoy, en diferentes grados, todos tienen una relación con el libro: unos juegan con el libro como objeto, otros pasan y cuentan lo que dicen las imágenes, otros hacen animación, inventan o crean historias”.

APRENDIZAJE.
Desde hace unos meses, la escuela ha organizado el taller del cuento, donde los pequeños se disfrazan y recrean historias y personajes. Con esta capacitación que implicó el aprendizaje de nuevas técnicas de animación a la lectura, “la idea es que se vayan desinhibiendo y arrimando a los libros que incorporan texto, de modo que el chico comprenda que hay algo que está escrito, que el libro me lo está contando y que me lo estoy perdiendo” dijo el narrador Mariano Medina.
“Tuvimos que buscar nuevas formas, menos escolarizadas, de conectarnos con el libro”, agregó María Eugenia Almeida, del equipo de la escuela.

Poder contar un relato

“Yo siempre digo, para nosotros los sordos, el libro nos muerde. Y esto marca los cambios que genera este proyecto. Antes de esta iniciativa, los sordos no leían nada y después, muchos sordos terminan pidiendo más, necesitan leer más, y no sólo lectura, nos damos cuenta que como sordos, podemos contar a otros lo que dice el libro, eso es lo más importante. Se ven esos avances”, confiesa Juan Druetta.

Imagen y texto

Los libros-álbum, explicaron, suelen facilitar e incentivar la lectura no sólo a las personas sordas sino a oyentes que aún no saben leer y escribir. Rubén López esclareció y definió a esta categoría de libros, como a aquellos en los que “la imagen tiene tanta importancia como el texto; en la mayoría de los libros el texto ejerce una autoridad por sobre la imagen, en el libro-álbum texto e imagen, dialogan entre sí. Aunque no digan lo mismo, un chico sordo o uno que no lo es pero que aún no sabe leer pueden tener un nivel de lectura sobre ese libro, interpretar”. Son libros —deberían encontrarse en cualquier librería buena, diversa, advirtió López— “que permiten mucha experimentación. Grandes artistas del mundo están incursionando en la realización y diseño de libros-álbum y tienen paradójicamente como público inmediato, no al adulto sino al niño”.

Caperucita Roja (tal como se la contaron a Jorge), del escritor argentino Luis María Pescetti, con ilustraciones de O’Kif , o La escoba de la viuda de Chris Van Allsberg, son apenas dos ejemplos de esta literatura.

FUENTE: EL DIARIO DE PARANA




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