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Jueves, 24 de Junio de 2004 - Comunidad
Intérprete en el Museo Minnicelli de Sta. Cruz

Foto, Wilson DíazPor primera vez en hubo un intérprete de lenguaje de señas en el Museo Minnicelli con el fin de integrar el arte a las personas que no oyen. En efecto, se trata del profesor Wilson Díaz, recién llegado de Tucumán.

En su primer día asistieron varios integrantes de la comunidad de sordos e hipoacúsicos y un par de oyentes que asisten al curso del lenguaje de señas que se dicta en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.

Díaz es profesor de enseñanza primaria (está por concluir la licenciatura en administración educativa), trabajaba en la Asociación de Sordos de Tucumán, donde aprendió el lenguaje de señas, y también se desempeñó como intérprete de señas para niños sordos en una escuela de adultos de su provincia natal, y actualmente, se integró a la comunidad sorda de nuestra ciudad.

Vemos que se están utilizando dos sistemas de comunicación diferentes, lo cual es importante porque todos podemos comunicarnos y entendernos por igual. Nosotros, los sordos e hipoacúsicos -entre comillas-, no somos personas discapacitadas, ya que solamente tenemos una limitación, precisamente la comunicación, y al no tener audición, utilizamos la vista. Por eso nosotros conformamos una minoría lingüística dentro de la sociedad mayoritariamente oyente. Es decir, somos un grupo con una lengua natural viso-gestual, una historia y cultura visual propias, señaló Díaz

La lengua de señas, modalidad comunicativa que pasa a través del canal visual-mímica-gestual (a diferencia de las lenguas vocales, que vienen transmitidas y percibidas, mediante el canal auditivo-verbal-fonético), es la lengua que gran parte de las personas sordas utilizan para comunicarse. Tiene una larga historia, como las otras lenguas, pero todos reconocemos que es bastante reciente. En los años ’60, en América, un lingüista, William Stokoe, había comenzado a estudiar esta forma comunicativa particular y ha descubierto, que ésta posee una regla morfo-sintáctica, su propia historia, su léxico y es una lengua a todos los efectos.

“El lenguaje de señas lo aprendí en mi provincia, un día iba caminando por la calle, vi a dos personas que se estaban comunicando con las manos y me pareció un desafío muy importante aprender a comunicarme de esta manera, desde entonces hice un curso y luego me he involucrado con otras actividades, como, por ejemplo, la parte de educación, donde abren la integración de estas personas en una escuela de adultos”, explicó Díaz.

Todos suponen que la única alternativa para el niño sordo es la reeducación oral, que facilita la inserción en el mundo de los oyentes, es un camino correcto, pero es necesario también contar la lengua de señas y debería ser incluida como materia educativa en la escuela primaria y secundaria.

“No sé porque me interesa, lo que sí sé es que siento una gran curiosidad por el hecho de una comunicación diferente, hay personas que están integradas y que viven en pequeños mundos, que necesitan integrarse a este mundo más general, más global, y es muy importante que tengan la posibilidad de acceder a lo que es este mundo normal, como decimos nosotros”, señaló el intérprete.

Muchos se preguntarán el por qué de enseñar una lengua utilizada por pocos y si no sería más simple y provechoso enseñar a los sordos la lengua hablada, que la mayoría conoce. Pero se trata de un planteo muy superficial de la cuestión, la respuesta lógica es, seguramente, “demos la palabra a los sordos y no pensemos más. Son ellos los que deben aprender el idioma real, no somos nosotros quienes debemos aprender las cosa de ellos”. Este tipo de planteo surge de ver al sordo como deficiente, necesitado de personas pacientes que los apoyen, en una palabra, el sordo es ante todo un enfermo, un discapacitado en referencia al modelo sano, que quiere que la persona escuche los sonidos y sobretodo que hable (resultado evidente del buen éxito médico y rehabilitación).

Según el Intérprete del lenguaje de señas, “…ésta es la primera experiencia en la provincia, la de visitar el Museo del Arte Eduardo Minnicelli, para que la comunidad sorda comience a transitar el camino de la cultura visual en todo sentido, me parece muy linda porque yo pienso que si cada uno de nosotros pusiera un poquito de lo que sabe y de lo que siente, se pueden lograr muchas cosas, y mi idea es lograr pequeños mundos posibles en donde se puedan integrar las personas con alguna discapacidad, y para que estas personas no oyentes puedan entender, integrarse y tener acceso al arte”.

La lengua suplementaria del oyente es la seña, sin embargo, para el sordo es la oral la lengua suplementaria. Las señas no matan al lenguaje oral, esa es la conclusión. No existe una sola lengua en el mundo, sino que hay muchas lenguas distintas, así como dialectos y argots, como el lunfardo.

“A mí me gustaría que la comunidad de Santa Cruz, en particular, comience a abrirse a lo que son las necesidades de las personas con alguna discapacidad, y no solamente en el caso de personas sordas, sino también hacia aquellos que padecen de otras discapacidades, ya sean, visual, motora... para que se le permita el acceso a distintas actividades culturales, deportivas, a partir de ahora", concluyó el docente.

FUENTE: DIARIO LA OPINION AUSTRAL




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